lunes, 21 de noviembre de 2011

CRONOLOGÍA DE LUIS BARRERA LINARES


Luis Barrera Linares

1951. N. en Maracaibo, estado Zulia, Venezuela, 3 de junio. Hijo de Amelia Linares y José Ramón Barrera

1959-1965. Educación Primaria. Grupo Escolar Must Abas (Trujillo) y Grupo Escolar Alejandro Fuenmayor (Los Puertos de Altagracia, estado Zulia).

1965-1970. Bachillerato. Liceos José Paz González (Los Puertos de Altagracia), Cristóbal Mendoza (Trujillo) y Andrés Bello (Caracas).

1971-1976. Estudios de Castellano y Literatura. Instituto Pedagógico de Caracas. Título: Profesor de Castellano y Literatura. [Magna Cum Laude, Número 1 de la promoción].

1973-1975: Preparador Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias Andrés Bello. Proyecto: Las áreas dialectales de Venezuela.

1976-1987. Profesor (Instructor, Asistente, Agregado) del Instituto Pedagógico de Caracas.

 1976. Curso Superior de Filología Española. Universidad de Málaga, España. 1976. Curso Superior para Profesores de Lengua y Literatura Españolas.

1976-1978. Estudios de Investigación Lingüística y Literaria. Instituto de Cultura Hispánica. Madrid. Título: Investigador Lingüístico. Tesis: Uso de los determinantes en el español de Venezuela.


1978. Finalista de la Bienal de Cuento Daniel Mendoza con el relato En el bar la vida es más sabrosa. Jurado: Antonia Palacios, Antonio Márquez Salas, Carlos Noguera. Calabozo, estado Guárico.

1978-1981. Estudios de Maestría en Lingüística. Instituto Pedagógico de Caracas.

1979-1981. Estudios de Licenciatura en Letras. Universidad Central de Venezuela.

1980. Publica En el bar la vida es más sabrosa (cuentos). Caracas: Instituto Pedagógico.


1982. Finalista del Concurso de Cuentos del diario El Nacional, con el cuento Después del parque. Jurado: Antonieta Madrid, Oswaldo Trejo y Gustavo Díaz Solís.

1982. Premio Bienal Literaria Alfredo Armas Alfonzo. Barcelona, estado Anzoátegui. Libro de cuentos: Beberes de un ciudadano(inédito, publicado más adelante, en 1985). Jurado: Alfredo Armas Alfonzo, Gustavo Luis Carrera, Francisco Rivera.

1981-1984. 
Maestría en Lingüística. Essex University, Colchester, Inglaterra. Título: Master of Arts in Descriptive and Applied Linguistics (Psycholinguistics). Tesis: On the Acquisition of Spanish Complex Sentences.


1985. Publica Beberes de un ciudadano (cuentos). Caracas: Caribana.

1985. Premio Nacional de Narrativa. Consejo Nacional de la Cultura. Libro publicado: Beberes de un ciudadano. Jurado: José Napoleón Oropeza, Carmen mannarino, Irma Acosta.


1986. Medalla Alberto Smith. Instituto Pedagógico de Caracas. UPEL.


1986. Jurado del Premio Nacional de Narrativa del CONAC (con Igor Delgado Senior y Gustavo Díz Solís).

1986. Publica Psicolingüística y complejidad derivacional (teoría lingüística). Caracas: Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias Andrés Bello. IPC.

1986-1987. Coordinador de la Maestría en Literatura. Instituto Pedagógico de Caracas.


1987. Premio Municipal de Narrativa, Casa de la Cultura, Maracay, estado Aragua. Libro: Para escribir desde Alicia (novela inédita, publicada en 1990). Jurado: José Napoleón Oropeza, Lidia Rebrij, Antonieta Madrid.

1986-1999. Profesor invitado de postgrado Universidad Católica Andrés Bello. Maestrías en Psicología Cognitiva y Procesos de Aprendizaje.

1988-1999. Profesor (Asociado, Titular) Universidad Simón Bolívar. Sartenejas, Baruta, Estado Miranda.

1988. Publica primera versión de Psicolingüística y adquisición del español (en coautoría con Lucía Fraca). Caracas: Editorial Retina.

1989. Premio Fundarte de Narrativa. Caracas, Distrito Federal. Libro: Para escribir desde Alicia (publicada en1990). Primera mención del mismo Premio: Libro: Cuentos de humor de locura y de suerte (publicado en 1993). Jurado: Roberto Lovera de Sola, Rafael Di Prisco, Iliana Gómz Berbesi, Silda Cordoliani.

1989. Coordina (con Iraset Páez U. y Fernando Fernández) el X Encuentro Nacional de Docentes e Investigadores de la Lingüística y la edición del libro Estudios Lingüísticos y Filológicos en Homenaje a María Teresa Rojas.

1990. Publica Para escribir desde Alicia (novela). Caracas: coedición 
Fundarte/MJ Editores.

1990. Finalista del Premio de Novela Miguel Otero Silva. Editorial Planeta. Con la novela inédita Parto de Caballeros. Jurado: Joaquín Marta Sosa, Milagros Mata Gil, José Pulido, Walter Rodríguez, Pedro Beroes, Miguel Henrique Otero, Javier Vidal.

1990-1997. Miembro del Consejo Asesor del Departamento de Lengua y Literatura, Universidad Simón Bolívar.

1990-1991. Coordinador de la Comisión de Ciencias Sociales. Decanato de Investigación y Desarrollo, Universidad Simón Bolívar.

1990-1993. Estudios de Doctorado en Letras. Universidad Simón Bolívar. Caracas. [Primer egresado del Programa, Mención de Honor] Tesis: Texto y contexto de la comunicación literaria: El caso venezolano de Oswaldo Trejo (publicada posteriormente en dos volúmenes. Caracas: 1994, 1995, La Casa de Bello).

1990-1995. Editor de la revista Tierra Nueva (con Fernando Azpúrua Grúber).

1990-2000. Profesor invitado Maestría en Literatura Venezolana, Instituto de Investigaciones Literarias, Universidad Central de Venezuela.

1990-2011. Investigador acreditado por el Programa Nacional de Promoción del Investigador (PPI, FONACIT). Desde el nivel I (1990) hasta el IV (2011).

1991-1992. Coordinador del Taller de Narrativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos.

1991. Publica Psicolingüística y desarrollo del español (1a edic. en Monte Ávila, con Lucía Fraca; 2a edic., 1997).

1991. Publica Parto de caballeros (novela). Caracas: Monte Ávila (2a edic., 2002: Comala; 3a edic., Create Space, U.S.A, versión en papel, versión electrónica para Kindle)

1992. Publica Memoria y cuento. Treinta años de Narrativa Venezolana (1960-1990) (Antología). Caracas: Contexto Audiovisual 3 /Pomaire.


1992. Publica Los estudios lingüísticos en Venezuela y otros temas (con Luis Quiroga Torrealba). Caracas: IPAS-ME

1992-2002. Columnista semanal del diario El Nacional.  Columna La duda melódica. Más adelante publicada también por dos breves períodos en los periódicos Diario de Caracas y Tal Cual. Después convertida en columna independiente en forma de blog [http://barreralinares.blogspot.com]

1993. Publica Del cuento y sus alrededores. Aproximaciones a una teoría del cuento (con Carlos Pacheco). Caracas: Monte Ávila (2a edic., 1997).

1993. Publica Cuentos de humor de locura y de suerte.Caracas: Fundarte.

1994. Premio Municipal de Investigación Literaria. Alcaldía de Libertador. Caracas, Distrito Federal. Libro: El traje narrativo de Trejo (inédito, con seudónimo 1994). 

1994. Jurado del Premio Fundarte de ensayo. 
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1994. Publica El traje narrativo de Trejo (crítica literaria).Caracas: La Casa de Bello.

1994. Publica Recuento. Antología del relato breve venezolano (1960-1990). [Como coordinador de un equipo de investigadores del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar: Beatriz González Stephan, Paulette Silva, Rosa Nieves Hernández, Giovanna Pulizzi, Raquel Rivas, Fanny Ramírez, Violeta Rojo, Emilio Hernández, Carlos Leáñez). Caracas: Fundarte.

1994. Pasantía de Investigación. Investigador invitado Universidades de Ottawa y Carleton, Canada.

1995. Publica Discurso y Literatura (teoría literaria, 1a. edic. La Casa de Bello; 2a edic., UCV, 2000; 3a edic. Los Libros de El Nacional, 2003).

1995-1997. Delegado Regional electo de la Asociación Latinoamericana de Análisis del Discurso (ALED, miembro fundador).

1996. Coordinador del I Coloquio Nacional de Análisis del Discurso (con Lourdes Sifontes Greco y Giovanna Pulizzi).

1996. Profesor invitado Cátedra José Antonio Ramos Sucre. Universidad de Salamanca, España.

1997. Publica Desacralización y parodia. Aproximación al cuento venezolano del siglo XX. Caracas: coedición Monte Ávila Editores /Equinoccio (USB).

1999. Jurado del Premio Internacional de Novela Miguel Otero Silva, de la editorial Planeta (con Mary Ferrero, Eloy Yagüe, Simón Alberto Consalvi y María Eugenia Mosquera).

1999.  Es designado como integrante del Jurado del Premio Nacional de Literatura (con Ana Teresa Torres, Salvador Garmendia, Judit Gerendas y Eugenio Montejo).

1999. Publica Psicolingüística y desarrollo del español II (con Lucía Fraca). Caracas: Monte Ávila.

1999. Publica Sobre héroes y tombos (1a edic., novela). Caracas: Equinoccio.

1999-2000. Miembro del Consejo Directivo y luego Director General Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Caracas.

2000. Publica Análisis crítico del discurso. Crítica literaria, avisos necrológicos y perfiles psicológicos.Caracas: Universidad Católica Andrés Bello

2001-2003. Delegado Regional electo por segunda vez de la Asociación Latinoamericana de Análisis del Discurso (ALED).

2001-2003. Editor de la Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso (con Adriana Bolívar)

2001-2004. Gerente de Ediciones del  Fondo de Publicaciones de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (FEDUPEL).

2002. Presidente comité organizador del XXVIII Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana. Universidad Simón Bolívar.

2003-2005. Profesor invitado de postgrado Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Doctorado en Educación.

2003. Coordinador del IV Coloquio Nacional de Análsis del Discurso (con Adriana Bolívar). Universidad Central de Venezuela.

2003. Publica Cuentos en-red-ados (primera selección, 1a. edic.). Caracas: La duda melódica.
2003. Jefe del Departamento de Lengua y Literatura. Universidad Simón Bolívar. Sartenejas, Baruta, Estado Miranda.

2003. Distinción Huésped ilustre de la ciudad de Valera. Alcaldía del Municipio Valera, Estado Trujillo, noviembre de 2003.

2005. Abril. Electo individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua, Sillón Letra D. Se incorpora en octubre del mismo año.  Discurso: La lengua y la literatura en-red-adas. Nuevos temores hacia antiguas estrategias comunicativas.

2005. Designado miembro correspondiente de la Real Academia Española.

2005-2012 Coordinador de la Colección de Autores Venezolanos. Editorial Alfaguara.  Santillana, Grupo Prisa. Caracas.

2005. Distinción Huésped ilustre de la ciudad de Barinas. Alcaldía del Municipio Barinas, estado Barinas.

2005. Publica La negación del rostro. Apuntes para una egoteca de la narrativa masculina venezolana (crítica literaria). Caracas: Monte Ávila.

2006. Es designado por el gobierno panameño como integrante del Jurado del Premio Nacional de Novela, Ciudad de Panamá.

2006. Jurado del Concurso de Cuentos del diario El Nacional (con Gustavo Tarre Briceño y José Tomás Angola)

2006. Jurado del Premio de Novela Adriano González León. Caracas (con Ana Teresa Torres, Luis López Nieves, María del Pilar Puig y Juan Cruz).

2006. Coordinador del Taller de Ensayo de la editorial Monte Ávila Editores Latinoamericana.

2006. Publica Nación y literatura. Itinerarios de la palabra escrita en la cultura venezolana (compilación con Carlos Pacheco y Beatriz González S.). Caracas: Fundación Bigott-Equinoccio-Banesco.

2006-2007. Coordinador del Taller de Narrativa del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos.

2007. Recibe homenaje en la Feria del Libro de la Universidad de Carabobo. Condecoración Alejo Zuloaga en su única clase. Universidad de Carabobo, Rectorado. Valencia, estado Carabobo [conjuntamente con Sergio Ramírez, escritor nicaragüense, y Piedad Bonnet, escritora colombiana].

2007. Publica Cuentos enr-red-@-dos (segunda selección)/ Sobre héroes y tombos (reedición conjunta de ambos libros por la edit. El Perro y la Rana, Caracas).

2008-2010. Integrante de la Comisión Evaluadora Nacional del Programa de Promoción del Investigador (PPI, ONCTI, Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología).

2009. Publica Sin partida de yacimiento. Crónicas en la memoria (novela). Caracas: Bid and Co Editores.

2009. Publica Habla pública, Internet y otros enredos literarios (crítica lingüística y literaria). Caracas: Equinoccio.

2011. Electo vicepresidente de la Academia Venezolana de la Lengua para el período 2011-2013.

2011. Designado coordinador de la Comisión de Lexicografía de la Academia Venezolana de la Lengua.

2012. Publica la novela Parto de caballeros en su tercera edición. Dos versiones a ser adquiridas por Internet: impresa en papel,  libros por demanda (www.createspace.com) y e-book para kindle (www.amazon.com). 

2012. Publica Ciberlingua y ciberliteratura. La lengua y la literatura en la Internet (en coautoría con Lucía Fraca de Barrera). Verlag (Alemania): Editorial Académica Española (edición por demanda).

2013. Reelecto vicepresidente de la Academia Venezolana de la Lengua para el período 2013-2015.

2013. Designado para integrarse en Madrid a la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) durante los meses de abril y mayo. La principal actividad de dicha Comisión ha sido la revisión completa de los venezolanismos del Diccionario de Americanismos (2010), con miras a una futura edición. 

2013. Integrante del jurado del Premio Equinoccio de Literatura para estudiantes universitarios (con Norberto José Olivar y Carolina Lozada).

2013. Participa como docente invitado de la Escuela de Lexicografía Hispánica, con sede en Madrid.

2013. Designado  como vocal de la Comisión Plenaria de la Real Academia Española para participar en las deliberaciones sobre la próxima edición del DRAE, planificada para el año 2014 con motivo de los trescientos años de la RAE.

2013. Integrante del Jurado que otorga el Premio de la Crítica 2012 (con Valmore Muñoz y Laura Febres)

2013. Publica La duda melódica. Crónicas malhumoradas. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua (versión en papel: 2006-2013, disponible en línea, clic aquí).

2014. Publica Breves y Bravos (cuentos sobre escritores egoletrados y otras especies sobrehumanas). Caracas: Lector Cómplice.

2014. Publica Propuesta para un canon del cuento venezolano. Caracas: Editorial Equinoccio (co-coordinador y co-autor con Carlos Pacheco y Carlos Sandoval. 19 investigadores y críticos evalúan los 31 cuentos venezolanos  más relevantes del siglo XX, 1898-1994).

domingo, 17 de mayo de 2009

ARCHIVO






BIENVENIDA-O A MI ESPACIO ELECTRÓNICO
Avatar literario, lingüístico y periodístico de Luis Barrera Linares (a) Sobrino

Caracas, Venezuela



Escritor, docente, crítico, cronista, presumo de navegar en el espacio confuso y nublado de la literatura venezolana, con incursiones en la narrativa, la crítica, la crónica, el ensayo y otros menesteres.






Aquí encontrará buena parte de la información concerniente a mis peripecias por la literatura, la lingüística y el periodismo.


De acuerdo con la información que busque:

Diríjase al menú desplegado abajo y haga clic sobre el título de su interés.







[Here you will find much of the information concerning me and my adventures in literature, linguistics and journalism.

Depending on the information you need about my activities, please go down and click on the title of you preference].






Contactos con el autor (For further information):



















Crónicas en la memoria de un desheredado del petróleo. Caracas: BID AND CO editor, 2009

Entrevista con Carmen Victoria Méndez.
Diario Tal Cual (21-05-2009)

Entrevista con Michelle Roche .
Diario El Nacional (29-05-2009)
[Reproducida en www.entorno inteligente.com)


Entrevista con Ana María Hernández
Diario El Universal (30-05-2009)

Reseña de Ricardo Gil Otaiza










Reseña de Miguel Ángel Campos

Retrato de la horda



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Texto de la contraportada









El natural viaje de la adolescencia a la madurez del narrador se convierte, simultáneamente, gracias al sabio manejo de varias estrategias ficcionales, en un recorrido por al menos dos momentos en la vida del país: el retrato del tempo semi-rural de nuestra provincia apenas beneficiada por la explotación petrolera y el impacto que esa riqueza ha traído a una Venezuela díscola, anhelante y todavía en busca de un rostro definitivo. No obstante el anclaje temporal, la pieza despliega el desarrollo de un alma festiva, lo que sin duda enriquece las manifestaciones de su género: el bildunsgroman. Así pues, Barrera Linares construye una novela de formación en la cual muchos lectores sentirán el arrobo de un tiempo ido, pero sobre todo, la certeza de que la esperanza es el mejor combustible para concretar los sueños. Autorrelatos, crónicas, pasajes de la memoria, como quiera que se llame a sus capítulos, Sin partida de yacimiento evidencia la vitalidad de lo novelesco como terreno para la exploración imaginaria del pasado, cifra del futuro, y pone de nuevo al descubierto la potencia de un escritor dueño de un arte difícil y exacto, rotundo y efectivo.



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Presentación: Sin partida de yacimiento

Por Carlos Sandoval

Librería Lectura, Caracas, mayo 14-2009






DE OFICIO NARRADOR


Carlos Sandoval











Puestos a definir la actividad intelectual de Luis Barrera Linares diremos que su rutilante presencia en el campo literario venezolano marca varios terrenos: la investigación lingüística, la crítica literaria, la narrativa y la docencia universitaria. De todas ellas, la crítica quizá sea la que ha convertido su nombre en una obligatoria alcabala para quienes se dedican al estudio de nuestro cuento contemporáneo. Más aún, Barrera ha producido una serie de reflexiones que lo aproximan al campo de las teorías lingüístico-comunicativa y narratológica que hasta ahora nadie se ha ocupado de evaluar. Algunos colegas pensamos, incluso, que su libro Discurso y literatura (editado en tres ocasiones entre 1995 y 2003) sería un best seller académico en otro contexto nacional más atento al desarrollo de las investigaciones de sus profesores de cuarto nivel. ¿Cómo definir, entonces, a quien se ocupa al mismo tiempo de varias tareas las cuales requieren, de suyo, una expresividad particular? Es obvio: Barrera Linares cristaliza el ideal del escritor a tiempo completo; es, sin más, un escritor.



Así, sus pulsiones creativas, materializadas al día de hoy en cuatro libros de cuentos e igual número de novelas, no constituyen una labor accidental en el conjunto de su obra; por el contrario, la narrativa de “Barrerita”, como gusta llamarlo Manuel Bermúdez, es el resultado de una poética donde los matices lúdicos del lenguaje y la exploración de ciertos horizontes temáticos, muchas veces asociados de forma peyorativa con lo marginal y lo sórdido (pero de innegable impacto en el lector en virtud del universo representado: los avatares de personajes que sobreviven a naufragios amorosos, algunas chuscas recreaciones de la historia sociopolítica del país, el sensiblero mundo de los bares con rocolas o con karaoke), devienen esencia de la comunicación literaria. Diré más: las indagaciones teórico-críticas de Barrera Linares se vinculan tan estrechamente con su producción narrativa que llego a creer –es una hipótesis– que su pasión por la crítica nace de las interrogantes que le genera la escritura de sus cuentos y novelas. De modo pues que no habría crítico sin narrador, aunque sí lo contrario: el cabal y nítido narrador.



Desde 1980, cuando el Instituto Pedagógico de Caracas publica En el bar la vida es más sabrosa, Barrera Linares practica varias fórmulas estructurales y prosísticas sin perder su unidad de propósito: retratar situaciones escatológicas o tremebundas que hasta ese momento no hacían parte de la gran narrativa del país, salvo como aspectos negativos propicios para la denuncia. En el bar… revela ambientes festivos, derrotas sentimentales, lugares comunes vividos como únicos, pero que colocan a los personajes en un territorio donde lo trágico se vuelve comicidad y alegre nostalgia.



En adelante, Barrera insistirá en estas estrategias hasta alcanzar, como en la novela que presentamos esta noche, un equilibrado manejo entre la sensiblería y lo serio, entre lo jocoso y lo reflexivo. Compruébese la recurrencia de establecer juegos paródicos en los títulos de sus piezas, los cuales remiten a monumentos literarios o a frases originariamente comunes: Beberes de un ciudadano (1985), Para escribir desde Alicia (1989), Cuentos de humor, de locura y de suerte (1989), Parto de caballeros (1991), Cuentos en-red-@-dos (2003), Sobre héroes y tombos (1999) y, por supuesto, Sin partida de yacimiento (2009).


Ahora bien, ¿qué nos trae hoy Luis Barrera? El primer juego que nos propone se relaciona con la adscripción del libro. En la “Compuerta para este textamentario” leemos que Sin partida de yacimiento resulta una suerte de “autorrelatos, cuentos, crónicas o capítulos de novela inconclusa” (p. 7). Se trata, como veremos, de una trampa literaria; Barrera utiliza presupuestos de la novela autobiográfica como mecanismo para ganar la cercanía del lector. Este mecanismo nos hace creer que los hechos narrados tuvieron como protagonista, no al personaje Sobrino o Sapito, como indistintamente se le llama, sino a quien escribió esas supuestas memorias, esto es, el hombre concreto.



Habría que señalar que en “las novelas autobiográficas (…) el autor se encarna total o parcialmente en un personaje novelesco, se oculta tras un disfraz ficticio o aprovecha para la trama novelesca su experiencia vital debidamente distanciada mediante una identidad nominal distinta a la suya.” (Alberca, 2005-2006). Quiere decir, aun cuando la denominación incluya el término autobiográfica, en una novela de este tipo no leemos confesiones del individuo que se sentó a escribir, pongamos por caso, Sin partida de yacimiento; antes bien, el otro componente de la categoría, novela, indica que estamos en los dominios de la ficción. Siempre hay, según se dijo, un distanciamiento.



Construida sobre la base de un bildunsgroman, en Sin partida de yacimiento un narrador adulto reconstruye pormenores de su infancia en Los Puertos de Altagracia, estado Zulia, y luego, a la salida de la adolescencia, cuando se ha instalado en Caracas. Esta estructura nos permite asistir, como lectores, a los primeros años de formación de la conciencia del protagonista en los tiempos iniciales de la democracia representativa, en una comunidad un tanto pre-moderna (el único teléfono del pueblo se hallaba en una casa de familia) donde el arrapiezo va descubriendo (o padeciendo) el mundo.



En esta llamémosla primera etapa de la historia, Sapito conoce, gracias a su condición de hijastro arrimado en casa de una madrastra alocada y primitiva, las dificultades materiales de un país en apariencia rico, pero que sólo beneficia a unos pocos. No se crea, sin embargo, que la novela se demora en asuntos de carácter político; éstos sólo sirven como sedimento para las variadas peripecias de Sobrino-Sapito, aunque es visible el interés por parodiar comportamientos proselitistas muy pueblerinos: el adeco borracho, el copeyano opíparo, los revolucionarios de medio pelo.



Eso sí, la novela deja claro dos cosas: 1) el protagonista relata los hechos como una venganza contra su madrastra, de allí la carga de humor negro, el tono sardónico de algunos pasajes y el crudo tratamiento respecto de aquella mujer; 2) el tema del petróleo es clave para denunciar, jocosamente, situaciones que explican no sólo el título, sino el desarrollo de la trama general de la novela.



Como en los anteriores trabajos narrativos de Barrera Linares, en Sin partida de yacimiento la gracia, el ludismo sintáctico, los dobles sentidos, los retruécanos, las frases comunes convertidas en axiomas burlescos contribuyen con la fluidez de una prosa a ratos trepidante y divertida.



Hay una segunda etapa en la vida de este casi pícaro protagonista: la que se ambienta en Caracas una vez abandonada la casa materna (y antes, la de la madrastra) para continuar estudios de bachillerato. Los pasajes correspondientes a esta estación vital de Sobrino son inolvidables; en ellos el arte novelesco de Barrera alcanza tesituras de profunda resonancia.



Para decirlo de una vez: Sin partida de yacimiento es una novela que ejecuta una venganza ficticia, nostálgica y evocadora, pero por sobre todo un ajuste de cuentas con el pasado y, sin duda, un homenaje a las dos mujeres (madrastra y madre) más importantes en la vida de un muchacho que hacia la segunda mitad del siglo XX asomó la cabeza en unos raros puertos zulianos.




Referencias




Alberca, M. (2006). ¿Existe la autoficción hispanoamericana? Cuadernos del CILHA. Revista del Centro Interdisciplinario de Literatura Hispanoamericana. Universidad de Cuyo. [Revista en línea], 7-8. Disponible: http://bdigital.uncu.edu.ar/bdigital/fichas.php?idobjeto=480 [Consulta: 2009, abril 19]


Barrera Linares, L. (2009). Sin partida de yacimiento. Caracas: bid & co editor.





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Reseña de Elio Gómez Grillo (Últimas Noticias, Caracas 12-08-09)


“El escritor venezolano Luis Barrera Linares acaba de publicar ‘Sin partida de yacimiento (Crónicas en la memoria)’.


Un libro que no deja de ser extraño en Venezuela, porque es ficción novelesca en muy buena parte y relación autobiográfica en una porción muy reducida, según confesión personal del autor. De muy agradable lectura, le hace evocar a uno de entrada, al imborrable Lazarillo de Tormes y a toda la novela picaresca española.


La escritura de esta obra ofrece una desenvoltura, un hacer y un decir sin rubores ni melindres en la secuencia de hechos y hablares de los protagonistas.


En sus páginas abundan neologismos atrevidos que una censura pacata no vacilaría en condenar y con los cuales la travesura del escritor hace más atractiva ¿por qué no? La narración.


El argumento se desarrolla preferentemente en tierras maracuchas y al final en los predios trujillanos. El autor anuncia desenfadadamente, desde el comienzo, que ‘después de tanto soportar las penas de mi adolescencia, ha llegado la hora final de la escritura de estos autorrelatos, cuentos, crónicas o capítulos de novela inconclusa, no importa” (p. 7). Se antepone la ternura al recordar a la madre, “primero que nada tú, tu figura menuda, tu mirada triste, tu sonrisa suspicaz… Tu imagen protectora, madre, tus manos conduciendo mis dedos para que garabatearan las primeras vocales.’ (pp.32/33).


La niñez y la adolescencia del autor Sapito de Agua, dice él orgullosamente que le llamaban y de sus amigos y compañeros transcurren a lo largo de estas páginas, escritas en prosa suelta y que se leen de corrido, gustosamente.


Bien dicho está en la contraportada del volumen: ‘Autorrelatos, crónicas, pasajes d ela memoria, comoquiera que se llame a sus capítulos, Sin partida de yacimiento evidencia la vitalidad de lo novelesco como terreno para la exploración imaginaria del pasado, cifra del futuro, y pone de nuevo al descubierto la potencia de un escritor dueño d eun arte difícil y exacto, rotundo y efectivo.’ Luis Barrera Linares ha publicado 27 libros de novelas, teoría literaria y, sobre todo, de cuentos, en muchos de los cuales se halla presente la tendencia humorística. Es profesor universitario, Doctor en Letras, académico, columnista de prensa y ha recibido premios literarios.”



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Reseña de Ricardo Gil Otaiza (www.eluniversal.com, 18-03-2010 / Diario Frontera, Mérida, Venezuela, 14-03-2010, p. 5-C).















Ricardo Gil Otaiza // Sin partida de yacimiento


Recrear una infancia y una juventud signadas por el abandono y la escasez, es quizás la razón más profunda que subyace en el libro Sin partida de yacimiento. Crónicas en la memoria (Bid & Co. Editor, 2009), del escritor venezolano Luis Barrera <!--[if !vml]--><!--[endif]--> Linares. Una "razón" que se ve reivindicada por la densa trama de sucesos, personajes y lugares, que hacen de estas páginas una deliciosa crónica continuada de un período crucial de la historia del país: décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Resulta interesante la manera cómo el autor hace de sus primeras experiencias vitales, material de ficción, alcanzado la suma de estas pequeñas historias una totalidad que podríamos calificar sin temor a equivocarnos de novelesco.

Si bien toda ficción lleva implícita la incorporación de piezas pertenecientes a nuestra existencia, de las que no nos podemos deslastrar por difuminarse en el texto narrativo los límites entre realidad y fantasía, en el caso que nos ocupa hallamos un denso componente autobiográfico, que le imprime a lo narrado verosimilitud y al mismo tiempo —y sin dejar de ser paradójico— un profundo carácter ficcional. Intuimos que los personajes descritos por Barrera Linares son tomados de su memoria para dejarlos plasmados en el papel, pero reconocemos en ellos elementos literarios propios de un narrador desenfadado, conocedor del oficio, que no ceja un solo instante de la escritura de sus páginas en marcar nuestra imaginación lectora con figuras que hacen del periplo lector un momento de verdadero goce y disfrute estético.

Su temprana iniciación sexual, los personajes brutales que colman estas páginas, y el agreste paisaje del occidente del país, producen en lo narrado un efecto magnético, que luce fortalecido hasta más allá de las posibilidades estéticas de la obra con el pleno dominio del lenguaje, que resulta de la amalgama perfecta entre lo coloquial y lo culto, entre lo vernáculo y lo académico, dando como resultado una expresión lingüística muy propia del autor, que de comienzo a fin deslumbra por su limpieza, por su riqueza lexical; por lo rebuscado de algunos vocablos que podríamos catalogar como "regionalismos", y nos atrapa ineludiblemente hasta el final.

Luce descarnado el Barrera Linares de esta obra. Sus crónicas vienen a representar el significado hondo del sentir de un hombre que se hizo "alguien" a fuerza de empeño e intuición (y de unas cuantas trastadas, que nos da cuenta sin rubor en sus textos). Todo estaba confabulado (servido, diríamos) desde su niñez y adolescencia para dar como resultado a un ser molido por sus propias circunstancias personales, pero que llega a la capital a realizar su sueño provinciano en medio de profundas dificultades, y ya vemos —aunque no lo cuente en estas páginas—, logra triunfar.

Maracaibo, Los Puertos de Altagracia, Trujillo y Caracas, entre otras localidades, son escenarios que le permiten al narrador recrear su memoria y conducirnos con exquisita prosa por el entramado social, político, económico y cultural de la Venezuela que dejamos atrás hace ya medio siglo. Su testimonio, a manera de crónicas, nos da la posibilidad cierta de adentrarnos en la idiosincrasia de nuestra gente, en sus más disparatadas costumbres, en sus más recónditas torceduras, en sus más chifladas ocurrencias, que nos hacen reír a más no poder.

"Sin partida de yacimiento" es la frase —hecha historia— utilizada por Barrera Linares para rememorar con ella (sin rencor y sin complejos) a los hijos del petróleo, a aquellos que tenían todas las comodidades en medio de un contexto social empobrecido, infectado de vicio y de miseria. Niños ricos versus niños pobres, parece ser el colofón de esta lectura, que nos lacera la piel, que nos sensibiliza frente a la eterna dicotomía entre aquellos que todo lo tienen, y los que carecen de lo indispensable para vivir. Un ejercicio duro, sin duda, para el sobrino de la celebérrima tía Eloína, no muy dado a confidencias e intimidades en su extensa e importante obra literaria.

Disponible:


http://www.eluniversal.com/2010/03/18/opi_art_sin-partida-de-yacim_18A3595931.shtml





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Reseña de Marina Jacinto (Diario El Nuevo País,





Sección Cultura y Espectáculos)

Caracas, miércoles 21 de abril de 2010.



LETRA VIVA













“Las aventuras de un pícaro personaje es la excusa para mostrar la realidad de un país clasista, y la riqueza del español hablado en Venezuela”




Sin partida de yacimiento es la más reciente novela que Luis Barrera Linares publica como narrador, y en ella logra la hazaña de enganchar al lector desde el primer capítulo, gracias a las tragicómicas aventuras de Sapito, el hijastro arrimado en la casa de una madrastra “tirana y tirona”, desde su infancia en Los Puertos de Altagracia hasta que abandona la adolescencia y el mundo rural para irse a Caracas.


El autor muestra su vivencia del país narrando desde la mirada de este niño-adolescente, que recuerda la realidad de la población que padeció a las compañías petroleras en el Zulia. Entonces, en los 60 existía una brecha entre quienes trabajaban en las petroleras que nacían con una “Partida de Yacimiento” y poseían privilegios y el resto, como Sapito, que no disfrutaba de ninguno y estaba obligado a servirles.


Los desencuentros de Sapito junto a su tía, hermanas, compañeros de escuela y vecinos del pueblo ocurren en el ambiente de las guerrillas, la prostitución y los botiquines, en los cuales se mueve. Los personajes hablan con libertad usando el lenguaje de esos estratos socioculturales. Hay abundancia de venezolanismos y regionalismos que muestran las expresiones del español hablado en Venezuela.


No hay capítulo que no despierte la risa gracias a los juegos paródicos, la carga de ironía y humor negro estampados en la obra. De principio a fin, el lector experimentará eso que se llama el placer por la lectura y la literatura, y no podrá abandonar la obra hasta el final. No lo permitirá el “maltrecho héroe de papel de este relato” que se volvió anarquista tras abandonar la política para escribir un periodiquito clandestino, que pegaba en las paredes del liceo, en el que denunciaba los chantajes del director y a las parejitas que se ocultaban en las canchas no precisamente para jugar voleibol.



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Ensayo de Miguel Ángel Campos:

Sin partida de yacimiento: "Retrato de la horda"

Papel Literario (El Nacional, 30-07-2011)


La cultura del petróleo y sus formas diversas de construir el país se urden en la memoria narrativa de la más reciente novela de Luis Barrera Linares, Sin partida de yacimiento. Miguel Ángel Campos hurga en sus intersticios y propone una lectura que, desde su propia experiencia, devela un país que no encuentra el rumbo….



El desarraigo cercano
Cuando leemos un recuento de peripecias de la infancia, recuerdo hilado entre imágenes desvaídas, ciertas o magnificadas, pero fijadas para siempre en un tiempo inmóvil, nos disponemos para reconocernos en él entre retazos de humor y también de melancolía. Sólo que Sin partida de yacimiento, de Luis Barrera Linares, trastorna el consabido esquema y nos prepara para enfrentar la infancia desde la pérdida de todo candor, liquidada la edad de la inocencia, desde el comienzo, el relato del niño confinado lejos del lugar de sus primeros años se convierte en la reconfiguración de la conseja mítica que perfila pueblito y ruralidad en un abrazo de bonhomía. Después de esta saga ya la idea de la comunidad virtuosa, objeto estrujado del país malvado e indolente queda hecha pedazos.
Anti-culto de la tierra chica, el libro de Barrera Linares produce desazón entre quienes modelaron su visión del país desde los sospechosos límites de lo nacional en función de una patria municipal y telúrica. Y también afirma la antigua perturbación de quienes hemos sentido que hay pocos objetos que venerar en un proceso donde las culpas se filtran como en un cedazo hasta separarlas de los culpables, y así, en el mejor de los casos, atribuirlas a gestiones anónimas o naturales (terremotos, inundaciones, golpes de estado). Desarraigado de su pueblo de origen, el niño se hace adolescente en un tráfago que ya no corresponde a la épica costumbrista o criollista de la aldea soñolienta. El viaje lo marca no sólo para desplazarlo, también para estigmatizar su lugar de nacimiento, en este caso el Trujillo que se atrasa escandalosamente en el siglo XX, y tras la solvencia de sus clases sociales en el XIX. En sus vueltas ocasionales el adolescente podrá constatar el prestigio de lo zuliano entre los trujillanos, al llegar de un lugar aureolado de éxito y cosmopolitismo las maneras se hacían estandarte, obraba la clara ansiedad del fetichismo. “Me aprovechaba además de mi acento zuliano, cosa que hacía desvivir a más de uno y una. Llegué a sentir que cada trujillano llevaba como figura ideal de vida la de un maracucho”. El nuevo lugar es previsible, sintomático en la dinámica dela Venezuelareplanteando sus escenarios y valoraciones: el petróleo crea el esplendor de una frontera de novedad y esperanza.

Todo va a someterse a prueba en el lugar de los hechos de la economía minera, convirtiendo los estilos y la tradición a la eficacia de sus exigencias. Los Puertos de Altagracia, en el corazón de la Costa Oriental del lago resulta una comunidad ideal para el fluir de unas expectativas, para la experiencia de asomarse a la Venezuelaque está siendo promocionada desde un modelo ya ejecutado y prestigioso. Pero quienes esperan o llegan al lugar, al pueblito emblemático de lo nacional, tienen algo que ocultar, o mejor dicho, no logran ocultarlo, el desfile de tipos humanos y su ecología, la historia menor donde familias y comunidad encajan en una sola continuidad, dan el tono del día. Los ruidos de la modernización material no desplazan los usos de unos parroquianos obrando desde sus acuerdos patriarcales. El pueblito se afirma desde los peores vicios de la servidumbre de unos y la vanidad municipal de otros, todos anhelan pasar sin examen al mágico mundo del bienestar del petróleo redentor. Pero no todos disponen de partida de yacimiento, denominación categórica para signar las nuevas alcurnias, aunque estos más desheredados todavía que la pobrecía feudal de la crónica de costumbres, pues aquellos en su fatalidad disponían de un horizonte de monte y geografía. La palabra yacimiento, además, la toma prestada la geología y casi la confisca, parece indicar allá lo inmóvil lo oculto, se nos devuelve con un extraño sentido erótico o funerario, que ya no es ajeno al predicamento de no saber que hacer con el placer y la riqueza, o acaso simplemente no saber que cosa son.
Equívocas virtudes, doble moral, matronas y patrones dictando sus reglas y reduciendo el civismo a preeminencia de acaudalados y a alcahuetería, la vida del pueblito venezolano que emerge en el remezón petrolero es la suma de todos los pesos muertos de las épocas de minoridad ciudadana, pobreza y abuso del poder. Usos y costumbres sancionados en prácticas de sometimiento a la autoridad de Ño Pernaletes y doctores venales, la desvitalización de una población que a duras penas sobrevive a la guerra biológica contra el paludismo, pero que arrastra impenitente la desvalidez de un sujeto sin sentido de la herencia societaria y todavía en la infancia de todo ordenamiento jurídico, lejano ayer y hoy al amparo civilizatorio del Estado de Derecho. De dónde sino de un orden de ultraje y destitución surge un personaje como esa Condesa, suerte de madama y madre superiora, colectora de niños expósitos, se los dejan al cuido, al libre arbitrio no ya de una persona de pocos o poquísimos escrúpulos sino al azar de una sociedad donde la educación no tiene mucho impacto en la seguridad como espacio de referencias: historia, identidad, justicia.
La infancia claudicante
El niño mandadero se educa en el ejemplo de la rapiña y la violencia de los adultos y su desesperación, las niñas esperan para ser colocadas o alquiladas, aquellas casadas y con la carga de gratitud eterna para la madama, estas a la mancebía o la franca prostitución. No es mucha la diferencia con el cuadro que nos da Carmen Clemente Travieso de los socorridos sitios de Colocación Familiar en la Caracasde 1948, en ellos, sospecha la periodista, se explota y humilla a las jóvenes entregadas por familias pobres de las zonas rurales, de allí iban a casas de gente adinerada a servir a cambio de la comida y ropa cosida con los restos del ajuar en desuso. El centro desde donde irradia el diagnóstico de la comunidad aletargada es aquel reclusorio de expósitos, y bien le viene el género, después serán un motel de madrugadas y borrachos, y aquella pensión caraqueña, la despedida del mozuelo que se encuentra con su destino, a donde llegan los montunos como en un sorbo sórdido de la gran ciudad, aquí también se continúa la falsa moral y el hábito del recelo, ya hundido en el alma de los errantes, estragados de una avanzada de tristeza. Insistamos: el caserío formado al paso de los troillers y las cuadrillas tiene ya los elementos del desarraigo, éste lo define, son los escoteros nombrados por Picón Salas en una frase como celaje y signados en ella para siempre.
Pero el pueblo histórico apela a su bagaje, a su identidad de retazos presentida por unos desde los días remotos de la Colonia, por otros desde el arrasamiento y las degollinas de la Independencia, o en el ufanoso clasicaje de la Federación. Pero para los usos de la comunidad negociadora aquellos blasones, de horror o templanza, no están en la memoria colectiva, los mueven otros gustos, otras seguridades, son las alianzas de la urgencia ante las angustias del día, las pequeñas pendencias de grupos gregarios, porque la luz de la fogata ahora los une, socializados en las carencias y dispuestos a hacerse una idea de lo que quieren, se entregarán a la melancolía y a la rapiña simultáneamente: de un lado lo que no comprenden pero desean, del otro la rencilla de los despojados. Esgrimirán los modales vistos entre el paso de los hacendados prósperos y se deslumbrarán con el monólogo de los doctores que atesoran la fragancia de la alfabetización. Harán suyas aquellas imágenes de bienaventuranza donde, presumen, lo mejor del cielo y la tierra se condensa: los campos petroleros advienen como en una epifanía que no sosiega sino que angustia, están allí como la negación de la fatalidad, nada más. Y a ellos no se llega ni por la educación ni por la buena conducta, tal vez por la obediencia y la sumisión, así lo creían no sólo los andinos ―“taciturnos, zamarros, crueles”―, como los define Ramón Díaz Sánchez en su rol de guachimanes.

Sorprendentemente es Los Puertos de Altagracia y no una polvorienta aldea de Monagas el pueblo que resume a cabalidad esta condición híbrida y real. Su genealogía puede ser rastreada paso a paso, fundado u hollado el mismo año que Maracaibo pues está en la costa de este lado del lago, desaparece de tiempo en tiempo tras la sombra de aquella ciudad, retrocede a trilla o caserío y se levanta al estar atravesado en la ruta de welseres y exploradores que marchan desde el lago hacia el Caribe. El rumor del petróleo lo sorprende afanado en la lontananza, y en un tris está listo para enarbolar sus títulos de lugar histórico y habitado por gente dispuesta a hacerse de apelativos y un nombre sonoro. El autor ejecuta el retrato de una comunidad ya asentada en sus elecciones, hábitos y recursos solventes garantizando una idiosincrasia de disimulo y ventajismo, conformismo y fatalismo, alianza fértil para crear una picaresca de dolor y destitución en la lucha por la vida. Desde los poderes públicos hasta el hilo borroso de aquellos seres definitivamente menores, todo registra el aura de lo inercial, y no por eso menos vívida y gestual.

Dominados, o aún más, anclados en unos convencionalismos, no van a ninguna parte, se desplazan hacia las esquinas componiendo un conjunto de dura uniformidad, representan con fidelidad las expectativas de un país convocado pero azorado, sin herencia pública a que apelar para emparejar en los nuevos tiempos del gentilicio. Los campos tan cercanos son más fuente de angustia que de certidumbre, entre el desengaño y el resentimiento, ellos les recuerdan no ya las bondades del bienestar material sino la existencia de hombres distintos y superiores, al fetichismo de usos y consumo se agrega el escozor de la inferioridad. Incluso, quienes los han traspasado mediante la “partida de yacimiento” sólo pueden traer el testimonio de la indiferencia de sus anfitriones, y a su vez ejercen el dudoso privilegio de medrar entre los excluidos, recalcando su recién adquirido linaje.

El petróleo, su tinta
En 1973, escuché el desplante de un ingenierito refiriéndose a otros más nuevos que él como “esos soldados rasos”, afuera, en las “gates” de las oficinas de la compañía, era en Tasajeras, un hombre con apariencia de poco saludable reía feliz de formar parte del trust instalado en su mísero gatico. Si algo ilustra de manera concluyente la peripecia puertera del entenado son las grietas de una cultura de la convivencia, todo fluye en su armonía de acato a la malicia, al doble sentido, al imperio de la conveniencia. Él observa desde abajo, desde su altura de zagaletón que se permite algo de desplante y socarronería, y por eso mismo puede adornar de pertinencia y hasta de solemnidad sus juicios, en un primer momento vestidos de humor. El fraude de la educación, modelada desde el cacicazgo y la humillación, condena los méritos del típico maestro de pueblo, abnegado y entregado a un sacrificio sin compensación, todo gesto grave queda teñido de sospecha o es ridiculizado por la infamia o los agravios no tan secretos del mandón de la comarca. Nadie sabe quién es el personaje cuyo nombre lleva el liceo, la adscripción no va tan lejos, seguramente rinde homenaje al padre del cronista y prestamista a la vez, en todo caso hay una larga lista de hipótesis (“Algún fantasma de las luchas libertadoras, un heladero célebre o quizás cierto empresario mecenas? ¿el padre o hermano de quien elaboró el documento de fundación del liceo? ¿pariente de algún médico zuliano que lleva su mismo apellido o hijo ilegítimo del anciano Ordemburgo?”). Y si los nuevos profesores deben tener su aprobación ―como aquel listero de una cuadrilla de encuelladotes convertido en enseñador de Castellano y Literatura, o ese guardia nacional dado de baja y que un buen día aparece con su designación de profesor de Educación Física―, pues quién va a preguntarse por los méritos y virtudes de un tal José Paz González, además difunto.

Es la ascendencia nefasta de los prohombres en multitud de pueblitos venezolanos, algunas veces llegan conduciendo un camión con el único ánimo de rematar una carga de cerveza, como en la novela de Miguel Otero Silva, y termina convertido en jefe civil, pero también puede estar esperando para escoger y mandar a los maestros. Barrera Linares sabe muy bien hasta dónde alcanza la gestión de la picaresca y cuando el relato debe hacerse fría denuncia, el poco aprecio de la función del educador esconde un juicio sobre el saber y el conocimiento como instrumentos de liberación. “No sepa usted hacer nada o quede vacante de cualquier profesión u oficio y baste para que cualquier funcionario considere que su mejor destino es ser profesor de lengua castellana”. Alguna vez tuvo el maestro ascendencia entre su comunidad, la humildad campesina cobijó seguramente los afectos de una gratitud, quien educaba a sus hijos debía ser amado y resguardado, un emocionado respeto era la recompensa. Pero la autoridad arbitraria, legitimada por los Mujiquitas, fue mucho para el maestro urgido de resguardar cargo y ascenso, cuando función y empleo se hicieron incompatibles la siguiente acción fue la de la tierra arrasada, pues como dice Briceño Iragorry “con la dignidad se comercia una sola vez”.
Pero a otras alturas del liceo estaba la Universidad, allá en la reluciente Maracaibo, era como otra dimensión del fetichismo, la vida mediocre del bachillerato parecía trocarse en algo superior en aquellos que ingresaban a ella, se trataba de otro rango de la veneración, las aulas maracaiberas constituían el Olimpo de donde llegaba el lote de petulantes. “Los profesores del Liceo, algunos de ellos estudiantes de la Universidad del Zulia, otros improvisados autodidactas entrenados en los bares locales…” La educación degradada a protocolo de títulos y certificados, es un hecho forense de la Venezuela de hoy, lo grave es que terminó desplazando el saber organizado del individuo retenedor de la herencia transformadora.

En mis días de profesor de la universidad Rafael María Baralt en la extensión de Los Puertos teníamos con frecuencia la visita del director del aquel liceo, el hombre parecía alelado con la rutina de la sede universitaria, tan sólo veía el estatuto, alelado pero también alienado en aquella admiración jamás entendería cuan idénticas eran las miserias del alma Mater y las de su desrranqueado liceo, filisteísmo y vanidad revestidos con otros asombros a los ojos de los parroquianos. Algunos años antes, durante mi primer semestre de Estudios Generales, aquel formidable prospecto de la Universidad del Zulia, en la clase inaugural de “Problemática de la Ciencia y Tecnología”, nuestro profesor llega con su bata de odontólogo y hace la más inaudita pregunta: “Alguien sabe que significan las siglas PDVSA”, fue todo el programa del día. En su mayoría el personal docente había sido reclutado bajando al mínimo las exigencias académicas y sobre todo las intelectuales, finalmente el clientelismo hizo el resto: seguramente los mismos diseñados del proyecto “metieron” a sus conocidos con el sólo requisito de estar graduados en una carrera universitaria, así un odontólogo podía dictar aquella asignatura o un ingeniero “Comunicación y lenguaje”.

Así se hace un país…
Pero la compilación de lo observado por Barrera Linares en aquel pueblo parece altamente representativa, así vemos reproducirse, en el ya muy avanzado siglo XX, estilos de gestión de lo público propios del caudillaje inicial postindependentista, una noción de país donde los referentes abstractos de norma y juricidad son inexistentes. Una población atascada en su relación puramente geográfica y topográfica con la urbanidad, reacciona y se conduce desde el vínculo primario con el otro: patriarca redentor u hombre rico, personaje carismático o figura pública, amigo de parranda o “compinche”; el venezolano duda siempre del entorno, acata con disimulo los acuerdos ya precarios y los destierra hasta extinguirlos. Seguridad y amparo le vienen siempre de unas palmadas en la espalda, de una llamada telefónica, de deslizar a tiempo una botella de whisky.
Ante la injusticia o la ausencia de Estado de Derecho los parias no se rebelan sino que buscan igualarse con sus opresores. Observemos cómo se organiza la policía en aquel pueblo: “Guiso Pirela, que llegó a dirigir la Policía Nacional, se trajo para Caracas a todos los vagos de Los Puertos, los puso a hacer un curso de un mes y les dio placa, revólver y poder, casi les dijo a todos: háganse tombos uniformados en cinco lecciones”. Me pregunto si no es como hoy, los cuerpos de seguridad, todos, reciclan y enrocan funcionarios expulsados por faltas graves, vemos sin escándalo cómo a pocos meses de haber sido creada una policía que se propone como modelo hay ya una larga lista de sus miembros acusados de delitos, unos enjuiciados, otros no. Y, en general, la frecuencia con que los funcionarios de los distintos organismo de seguridad aparecen involucrados en crímenes de toda índole no habla tanto de lo rentable que es hoy el oficio de delincuente como de la facilidad con que el Estado arma a esos delincuentes.

El recuerdo de infancia se perpetúa en los datos del escritor, se hace vívido en la memoria porque tiene continuidad en su expectación de ciudadano, en Venezuela esta clase de Memorias son tan útiles para asegurarnos con horror de cuan poco hemos cambiado. Este relato de Barrera Linares puede atarse sin pérdida de espacio ni tiempo con algunas páginas de Argenis Rodríguez, nos darían un panorama de la desesperanza, el leiv motiv de una biografía tocada por la misma fatalidad, desde El Moján hasta Maturín. Es la picaresca de los recién venidos al espectáculo del petróleo, pero que al haber carecido de trasunto comunitario y proceso de gentilicio les resulta difícil situarse ante la novedad, incapaces de integrar las nuevas definiciones de poder, bienestar y dinero a un plan de mayor estabilidad en el tiempo, tan sólo pueden apelar a lo vestigial de una experiencia traumática, fracasada en su intentona de apropiación de una cultura funcional.

La impresión que nos deja el persuasivo fresco Sin partida de yacimiento es la de una sociedad desarticulada, errátil y aleatoria, pagada de todo pragmatismo, cuyo proyecto se hace volátil pues no depende ni de una élite consagrada y tampoco de una prédica gregaria. Allá como aquí, hoy como ayer ―y la picaresca se hace amarga―, los grupos llegan a descollar en virtud de trapacerías. El individuo ajusta su potencial a una ecología de desconfianza y recelo, nadie dispone su mejor esfuerzo y todo se traza desde el cálculo, el éxito de los audaces fija un criterio de valoración no sólo del esfuerzo personal sino de los logros mismos, todo lo cual impacta, modela y remodela el ethos de una comunidad. La pobreza no es vista como responsabilidad social ni como acicate para transformar el medio devorador, antes sirve como parangón para que los opulentos ostenten su riqueza y bienes superfluos, y dado que nada más pueden exhibir.

Doloroso pero cuán consistente es el testimonio de la infancia para biografiar un país como el nuestro, áspero y paidocida, que contra toda lógica concentra la mayor y mejor inversión en la punta del iceberg de su pirámide educacional. Hoy quizás ya no tengamos albergues de expósitos, ni públicos ni privados, llámense Carmania o Colocaciones Familiares, y sin embargo los niños de la calle son una herida lacerante y una vergüenza, escuela de prostitución e indigencia son nuestras calles, infancia sin amparo, niños hechos desde la violencia de los adultos indolentes, como un Oliver Twist del peor de los infiernos. Como aquel de no más de ocho años cuya imagen, en un semáforo de Maracaibo, me taladra, vestido de harapos ofrecía la Gaceta Oficial con la puesta al día de la LOPNA (Ley Orgánica para el Niño y el Adolescente).

Miguel Ángel Campos (1955)
Sociólogo, crítico literario, ensayista, profesor de la Universidad del Zulia. Autor de La imaginación atrofiada (1992), Las novedades del petróleo (1994), La ciudad velada (2001), Desagravio del mal (2005), La fe de los traidores (2005), e Incredulidad (2009).


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Nadie puede ya dudar del impacto que el advenimiento de la red de redes está generando en las sociedades contemporáneas. Sin embargo, todavía, en pleno arranque del siglo XXI, la Internet es una cantera de incertidumbres, confusiones y cambios socioculturales inesperados. Todo ello ha devenido en tópicos aparentemente diversos pero inevitablemente relacionados, como la revisión de las nociones de hablante y de habla pública y las implicaciones de la irrupción ciberespacial para el futuro (ya presente) de la literatura y las lenguas. Entre las tres partes de este libro, claramente y a propósito delimitadas por su autor, subyace un hilo común y concluyente en el que todos los caminos conducen a la red de redes. Desde la variedad local del español hasta la indagación sobre algunos escritores venezolanos, pasando por los rasgos tipificadores de una muy contemporánea “ciberlingua” en formación, se ofrecen aquí los resultados de varios años de indagación durante los cuales la mirada del investigador, condensada en esta obra indispensable, no ha cesado de oscilar entre el fectichismo generado en torno del libro impreso en papel y la virtualidad de la escritura electrónica.


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Enviado por Alberto JIMÉNEZ URE el 30/03/2012 a las 10:48 PM
El docto estudio «barreralinariano» de nuestro «idioma», el «discurso» y la «Internet»
«Sólo a causa del presunto delito de tener conocimientos o aptitudes, a quienes son dignos Individuos de Número de Academias o de la Cultura Bienfamados se les profieren Agravios de Vendetta y Barbarie: porque, desde el nacimiento de la Institucionalidad de la Caterva, siempre el Funcionariado de Mamandurria ha fallidamente anhelado segar las cabezas de los hombres intelectualmente diestros» (A. J. URE, del libro inédito «Ex Aula», 09. Dedicado a D. Víctor Bravo)
Por Alberto JIMÉNEZ URE [*]
Horas antes del amanecer del 25 de Octubre de 2011, me adentré (sin la fatiga que produce la lectura en el insomne, que lo soy incurable) a un apodíctico ensayo de D. Luis BARRERA LINARES: Habla pública, internet y otros enredos literarios (1). Ulteriormente, el lector advertirá por qué en esos momentos el autor lograría que una parábola inserta en las enseñanzas de GURDJIEFF (2) irrumpiese en mi psique: «El carruaje representa al cuerpo del Hombre y el conductor a su mente. El caballo está ligado al conductor por las varas, y el conductor con el caballo por las riendas…» (3)
En los invadidos territorios Centro-Suramericanos, y tras ultrajar de inimaginables formas a nuestros antepasados pobladores, es obvio que esa lengua (ya no por rigurosa «Dictata») Castellana, dialecto principal en los hablantes de las más prósperas y antiguas regiones de España, como la Vieja Castilla, fue dolorosamente impuesta a los aborígenes por la piratería invasora: con «fines de lucro», para pecharlos y condecorarlos si regresaban con tesoros, el Imperio conmutó a desalmados y truhanes para darles «licencia de expedicionarios».
Nos instruye BARRERA LINARES que, respecto al vetusto y rígido «Dictatus» de fijación oficial del «Idioma Castellano», los miembros de la Real Academia lograron bifurcar la acepción para mejor definirla como «Lengua Española»: oficiándole una especie de «tedeum» al manierismo de claustro que amonestaba a quienes expresasen que se «debía decir Lengua Castellana»:
«[…] la mayoría de quienes, con reconocida e indiscutible autoridad, han intervenido en la discusión aceptan como mucho más general la denominación español, y tanto ha sido así que el diccionario oficial, en su vigésima segunda edición (2001), ofrece en la acepción 3 de la entrada correspondiente al español […] Lengua común de España y muchas regiones de América, hablada también como propia en otras partes del mundo» (3)
Cierto que, naturalmente, la [por Luis] aludida Vieja Castilla se atomizaría en importantes ciudades como La Rioja y Madrid (4). El uso y las costumbres han estado, a perpetuidad, ligados al crecimiento poblacional y los intereses de las clases sociales dominantes: en los ámbitos de la Política, del Poder de Mando, Religión, Educación, Letras y Artes en las naciones del planeta. Por ello, igual es legítimo sostener con BARRERA LINARES que nosotros somos hablantes de un tácitamente oficial «Español Venezolano». Si aún existiese y se platicara la lengua de los celtas, embrión del resto de las más difundidas, sin excluir al Inglés, los anglosajones de nuestra realidad y tiempo no aceptarían se oficializase que el suyo es el «Idioma Celta». Tampoco lo harían los ciudadanos de países donde ese extinto dialecto «celta-prerromano» igual impulsaría la aparición de las «lenguas romances» (italiano, francés, portugués, etc.).
Todavía en la Postmodernidad, los cambios en el «hablante» no son taxativos: afectan la escritura, significados y musicalidad del discurso mundano: como ocurre con el «spanishenglish», aborto inducido de un «feto de idioma» que ya difunden millones de inmigrantes latinoamericanos. No dudo que, en pocas décadas, logre imponerse al también «depreciado» (fustigado por los académicos británicos) «English» de los fundadores de E.E.U.U. Los «hispanos-norteamericanos» procrean sin responsabilidad ni planificación, y, por ello, y superó poblacional y cuantitativamente a la minoría de la raza negra y hará lo mismo con la mayoría blanca.
Me parecen provectísimas las disquisiciones del escritor, docente, crítico, narrador e investigador Luis BARRERA LINARES en redor de lo que implica ser («poseso») converso de algún dialecto foráneo o «adherirse» a un idioma no natal. Con regusto o por necesidad de supervivencia, «capitulará su Ego» en algún territorio no patrio. En «situación de colonizado», tácticamente, con fines insurreccionales y propósitos libertarios, igual aprenderá otra lengua. Pero, donde no fue invitado será visto como escoria social: «preterido», «marginado» «explotable inmigrante» y «lastre» para la deportación oficial de «indocumentados». Y, aparte, quizá a causa de la complejidad semántica de esa lengua, el individuo la deformará ajustándola a sus incapacidades fonéticas y costumbres cerriles: las de cualquier persona humilde e indocta que sólo pretende mejorar sus condiciones de existencia, «conspirar para cometer crímenes» o enriquecerse con el tráfico de estupefacientes u objetos prohibidos o pertrechos que sirven al «terrorismo» de musulmanes fundamentalistas. Afirma el ensayista:
«[…] hay algunas categorías de hablantes que (consciente o inconscientemente) ocupan la posición de modelos comunicacionales para el resto de la sociedad, que –también consciente o inconscientemente- adopta su conducta verbal como guía posible para el comportamiento lingüístico en general» (6)
Previo aviso, aventajándose frente los exiguos pesquisas de la difícil Disciplina Lingüística, BARRERA LINARES examina la novísima Fenomenología de la Multimedia: vástago de tecnologías que confeccionaron a la Ciencia de Redes Sociales. Si, ya es una «ciencia»: en ininterrumpida transformación y perfeccionamiento que (pese a la reticencia de quienes en «funciones de mando» la criminalizan en países de ultimomundana, obsoleta y tiránica impronta doctrinal) fomenta positivos avances humanísticos y científicos. La Internet influye en todos los quehaceres del sujeto moderno, empero está amenazada por los llamados «hackers»: quienes, con inusitada experticia, han logrado vulnerarla y delinquir mediante el ultraje a la confidencialidad que los usuarios requieren. Imprescindible en operaciones de interés financiero, académico, intelectual, informativo y de índole policíaca. Hace meses, en el curso de una entrevista que le hicieran en un programa de televisión, D. Miguel Henrique OTERO (Presidente del diario El Nacional) enunció un irrefutable epilogismo: «[…] Los medios de comunicación impresos que no se digitalicen se extinguirán».
Como Luis, en uno de sus sesudos libros, otro hacedor notable y erudito venezolano escribió: «No hay hombre sin lenguaje. La edad de uno es la edad del otro. El hombre se levanta con la resonancia de su lenguaje, y, teniendo el lenguaje como lámpara, conoce y reconoce el mundo, recuerda lo vivido, marca líneas imaginarias para precisar o darle certeza a su futuro, es el protagonista de múltiples relatos que confluyen en el sentido de su lugar en el mundo, trata de hacer durable el efímero presente donde se hace posible vivir» (7)
BARRERA LINARES no sólo es consciente y comulgaría, sin dudas, con las citadas inferencias de BRAVO: el hombre es irrefrenable y su circunstancia en el planeta cambia virtud a las novísimas invenciones, que del lenguaje son parto. No tiene «edad» porque, a la suya, se enlaza la del otro sucesor en el Tiempo (alguna vez lo definí «presente perpetuo») que lo trasciende. Y será trascendido, con su otro que lo suplió, que «legará» o iluminará porque el Universo no cejará de requerir «pneuma»: con sus insospechadas creaciones intelectuales, tecnologías de «última generación» o hallazgos científicos. En la centrífuga sublimación y sacralización de la Internet, Luis interroga a quienes lo leemos y a sí mismo, pero me incomoda su (¿fascinación?) perplejidad ante la de plus valuada Cibernética. Él Discernió:
«¿Cuántas interrogantes pudiéramos plantearnos en el momento de ingresar en una revolución lingüística como la que se ha generado a partir de la emergencia de la Internet en la vida contemporánea? No ocurriría nada parecido desde la invención de la escritura. Es decir, la cultura humana no había evidenciado desde ese tiempo la irrupción de un fenómeno comunicacional que fuera capaz de perturbar todos los estamentos sociales, entre ellos el motor fundamental que nos mueve a todos: el lenguaje» (8)
No yerra calificándola como una «revolución lingüística»: empero, admito mi discrepancia cuando vehementemente sostiene que «[…] No ocurriría nada parecido desde la invención de la escritura…». Sostengo que, en el pasado milenio, sí acaecieron hechos que conciernen a la jurisdicción de la Lingüística. Gracias a una famosa e iniciática tecnología, la Escritura, el Habla Culta y la Comunicación de las Ideas y Doctrinas Religiosas o Políticas satisfarían a millones de seres humanos durante centurias. En 1435, luego de una disputa que entre individuos cultos causaba el vocablo alemán «drucken» (imprimiendo), Joan GUTENBERG (1398-1468) se empecinó en lograr la impresión mecánica de «typus» (caracteres): lo que se conoce como «tipografía», y lo hizo con éxito a partir del año 1435. La subsiguiente fabricación de máquinas que recibieron el nombre de «imprentas» produjo una maravillosa difusión de las ideas mediante la Escritura ya más profusamente difundida en libros o folletos troquelados durante centurias. Ni siquiera desestimo la estupefacción que habrán producido, en la ciudad de Pergamo (antigua ciudad del reino de Asia Menor, provincia del Imperio Romano), quienes laboraban, con mucho esfuerzo y sacrificio, para imprimir libros en pieles y que recibieron el nombre de «pergaminum».
A propósito del asunto (sin negar la comprensible fascinación que suscitan las postmodernas tecnologías de la Era de la Física Cuántica que disfrutamos), añadiré que, posterior a la invención de la Imprenta, otras esparcirían más velozmente la Sabiduría Humana: nuestras «ideas», «lenguas» y «eventos científicos» por el Mundo (el «Periódico», «Cinematógrafo», la «Televisión», «computadoras » y «telefonía celular» (multifuncional, multiforme y de variados tamaños». La instantaneidad comunicacional de la Internet parece insuperable: es impalpable, inodora, con caracteres invasivos y coloridas imágenes es la boga heredera de las que ya lo fueron en Materia Informativa, en el Campus de la Docencia, Instrucción e Investigación y la Industria de la Recreación.
He ¿mutado? la parábola de GURDJIEFF para decirles que «el carruaje» que representa al Hombre es la Adventicia Tecnología Multimediática de la Física Cuántica (9), pero el «conductor-intelectual» es el mismo que sucedió a su otro y será trascendido con invenciones no predictibles. La Internet, como el caballo, es un formidable vehículo ligado a quien adhiere las riendas que atan a ambos para ir hacia desconocidos e irreconocibles destinos […] Ninguna persona confesa de ser un «Profeta», de poseer el Don de la «Capnomancia» o «Videncia», apostaría su vida tras presumir que por sus intuiciones, mensajes providenciales o cualidades deductivas será investido de «Virtuoso Futurista». Evoco, de nuevo, el apotegma que, mediante la incisiva lucidez que lo caracteriza, nos prodigó Víctor BRAVO (supra): «La edad de uno es la edad del otro. El hombre se levanta con la resonancia de su lenguaje, y, teniendo el lenguaje como lámpara»
Prolija, formidable e ilustrativa esta docta tesis de BARRERA LINARES: intitulada Habla pública, internet y otros enredos literarios. Muy meritoria para un «Individuo de Número Correspondiente», cuya amistad me honra. Finalmente, advierto que en su ensayo su despegue intelectual fue vertical: sus reflexiones no tienen rasgos de «ascesis» o «lucubración pontificia». Es un estudio parafrástico sobre La Fenomenología de la Multimedia: entramados y consecuencias.
NOTAS.-
(1) BARRERA LINAERES, Luis: Habla pública, internet y otros enredos. Edición de la Universidad «Simón Bolívar». Caracas-Venezuela, 2009.
(2) P. 87 del libro de WALTER, Kenneth: Enseñanza y sistema de Gurdjieff.
(3) Leer p. 19 de la ob. cit. de L. B. L
(4) En la PREHISTORIA, pobladas por los «prerromanos» y «celtiberos», entre otros.
(5) P. 11, supra.
(6) P. 24, ibídem.
(7) P. 55 de Leer el mundo de BRAVO, Víctor. Editorial «Veintisieteletras». Madrid-España, 2009.
(8) P. 45, idem.
(9) En el curso de la Segunda Guerra Mundial, se sabe que los principales actores de la infausta conflagración apresuraban la fábrica de armas más exterminadoras que las bombas convencionales. Como las ojivas nucleares, esas con las cuales los norteamericanos devastaron al Japón y hablaron en Voz Alta para aterrorizar a quienes no eran sus aliados. No se si por «disuasión militar», «ostentación», «intimidación» o «simple arrogancia», el Pentágono ha exhumado informes que revelan que la USA utilizó, experimentalmente, tecnologías de «comunicación celular» y otras formas «inalámbricas» en el discurrir de esa contienda. Ya la Internet formaba parte de las investigaciones que, en «Mecánica Cuántica» y «Sistemas Computarizados», se realizaban en subterráneos Aceleradores de Partículas Atómicas construidos en zonas inaccesibles a los civiles no autorizados por el «Funcionariado Mayor de Inteligencia Castrense».
[*] Universidad de Los Andes (jimenezure@hotmail.com/albertjure2009@gmail.com)Luis_BARRERA_LINARES_escritor_y_docente_.JPG